Muchas veces hacemos, o decimos, sin pararnos a ver si eso es del todo correcto.
Si estamos en lo cierto o si hay posibles errores en ello.
Por otro lado, tampoco nos detenemos a analizar o a asegurarnos, de si en las palabras que decimos o los hechos que llevamos a cabo, son una amenaza o daga con la que hemos dañado a alguien. Porque a veces, con el simple hecho de nuestra manifestación lo provocamos.
¡Stop! Antes de tomar una decisión.
Sí, todo lo que hacemos, pensamos o decimos tiene una repercusión en nosotros, y en los otros.
Nos sucede que sí, que hacemos caso, que escuchamos a nuestro corazón, a la vocecita interior, pero finalmente llega la pregunta:
¿Por qué nos resulta menos atractivo detenernos a pensar antes de pasar a una acción?

Es aconsejable tomarse el tiempo antes de dar un paso, de tomar una decisión.
Entonces, ¿a qué esperas para hacer lo mismo cuando se trata de relacionarte con otras personas?
Sí, es aconsejable pararte a sentir qué vas a decir, y encontrar el modo de hacerlo sin dañar u ofender a alguien con tus actos. Sea con o sin intención.
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