Aprendemos a respetar, y nos olvidamos de respetarnos. Cómo podría resultar coherente y sano algo así cuando no sería equitativo en el día a día de la vida conjunta entre nosotros y con otros seres que también habitan.{ ¡Sigue leyendo! }

Sin saber ni cómo permaneces en la encrucijada. Has buscado soluciones y no encuentras respuestas. Te has pedido ayuda y no llegas a la meta. Y es que son muchas las ocasiones en que pasamos realmente de ver{ ¡Sigue leyendo! }

Decías que querías tener tiempo para ti. Te repetias en tu bulliciosa mente que querías al menos, un momento al día para estar contigo, incluso que ya ni leías como antes, cuando te enfrascabas bajo la manta entre{ ¡Sigue leyendo! }

Es alentador ver que el pueblo se une. Comprobar que los vecinos estamos atentos a qué sucede con el de la casa de enfrente. No hablo de cotillear, de querer saber sobre su vida, o sus idas y{ ¡Sigue leyendo! }

En el despertar, a veces mientras estamos en el camino de revisión, pedimos la presencia de alguien que nos haga volver por ese instante al recuerdo de nosotros mismos. Es como revalorizar o confirmar ese «dar fé» del{ ¡Sigue leyendo! }

Se lo merecen siempre, sí. Cada día que pasamos, cada instante que tenemos sería más eficaz si lo agradeciésemos. Estar en paz con uno mismo implica que el orden de nuestro interior sea reflejo en nuestro exterior pero,{ ¡Sigue leyendo! }